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¡Vámonos Pa'l Norte Rock Festival 2014!



Recientemente fue presentado el line-up oficial del Pa'l Norte Rock Festival en su edición 2014 que se llevará a cabo los días 31 de octubre y 1 de noviembre en el Parque Fundidora de Monterrey. En sus anteriores ediciones, el festival ha mostrado una oferta musical muy variada y para la mayoría de los gustos, abarcando los géneros y estilos más cercanos al rock con bandas y representantes nacionales e internacionales

Este año no será la excepción, ya que podremos ver y escuchar a clásicos en español que van desde Andrés Calamaro y Enrique Bunbury; pasando por La Ley, Jumbo, Plastilina Mosh, Ely Guerra, hasta llegar a Zoé, Kinky y Juanes (?). Para las morritas no podían faltar bandas como DLD, Allison y Enjambre; y el talento internacional estará a cargo de Foster the People, AFI Snopp Dogg, entre otros. Como ya es costumbre en este tipo de festivales, Los Tigres del Norte no podían faltar como invitados especiales y no descarten que también inviten a los Ángeles Azules, ya que hay otro par de bandas que, aunque no han sido anunciadas oficialmente, conformarán la alineación final del festival norteño.

Sin duda el Pa'l Norte Rock Festival promete ser un gran fiestón y siempre serán bienvenidos los intentos de llevar el rocanrol más allá del centro y la capital del país. Si pueden cáiganle y allá nos vemos. Acá les dejamos los precios, el cartel y el line-up animado por el genial Trino. Chida la banda. 

Los boletos ya están disponibles a través del sistema Ticketmaster.
Fase 1 hasta agotar existencias

    • Individual: General $595 VIP $1,145
    • Abono (los dos días): General $1,090 VIP $2,190


No me gustan Los Tigres…




Por Shaggy


Es extraño que en un festival como el Vive ya sea tan descarado el ‘chile, de mole y de manteca’. Lo cierto es que –de momento- en México no hay –ni habrá por un buen rato- algún exponente musical de talla internacional. Sí, hay bandas independientes y alternativas con propuestas interesantes, pero tristemente no cumplen con los ‘estándares’ de las disqueras para comercializar su música. Es deprimente que en eventos como el Vive, los organizadores se valgan de bandas que ni siquiera son ‘latinas’; llámese Blur, Placebo, o cualquier otra que les haga el favor de jalar gente y llenar el Foro Sol año con año. Sí claro, hablamos de sonidos probados que arrastran a las masotototas y venden boletos de a madres, pero directa o indirectamente ocupan el lugar que las bandas mexicanas desgraciadamente no han sabido ganar en este tipo de festivales organizado por monopolios musicales.


Me sigue pareciendo de los más bizarro ver a ‘conjuntos musicales’ como los Ángeles Azules o a los chingados Tigres del Norte, en un lugar y tiempo al que no pertenecen. Tal vez para ellos sea una manera de mantenerse vigentes y de llegar a las nuevas generaciones que desafortunadamente son de lo más influenciables al carecer de cualquier tipo de identidad o ‘personalidad musical’. La inmediatez de la información en la que ahora estamos inmersos propicia que consumamos una gran cantidad de material musical, pero muchas veces sin tomar en cuenta el fondo del mismo. Recuerdo que cuando éramos escuincles y andábamos con la comezón de alguna banda o grupo, juntábamos lana y corríamos a comprar el disco; nos lo chingábamos enterito y generábamos algún tipo de conciencia musical. Hoy ni madres, todo es luego-luego. Uno ya no sabe ni qué toca una banda o cuál es su discurso, pero ahí vamos en chinga a YouTube, a iTunes.


Unos dirán que es benéfico y plural, pero no olvidemos que al sistema le conviene tenernos sin identidad de ningún tipo. Es triste ver a las banditas ‘nuevas’ refritear los éxitos de Daniela Romo, Flans o Miguel Bosé, en lugar de estar escribiendo sus propias rolas y explorando otras tendencias. No se arriesgan a seguir su instinto y por ende, no tenemos una banda representativa capaz de llenar un estadio. Nos limitamos a llenar palenques y teatros del pueblo y eso con veinticinco pendejos vestidos de la misma forma, tocando trombones y trompetas.


Sí, no me gustan ‘Los Tigres’, ni nada por el estilo; entre eso, la celebración del Día del Taco y cualquier pendejada inventada por los medios, nuestra cultura como los pinches cangrejos; para atrás, para atrás y en la mediocridad eterna.


Pero bueno, dicen por ahí que ser naco es chido ¿no?

No me arrepiento de lo que hicimos con Led Zeppelin: Jimmy Page


 

Publicado en El País-
Por Jesús Ruiz Mantilla-

Leyenda con coleta. Precursor de la guitarra de dos mástiles, músico oscuro y esquivo, dado en su día a las drogas y al oscurantismo, marcado por la tragedia, pero responsable ante las consecuencias de su legado artístico, Jimmy Page no solo es uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, es hoy un artista reivindicativo y minucioso, perfeccionista y nada complaciente con lo que vaya a quedar de él y los suyos para la historia. Quienes prefieren creer que el rock es un arte más dado a los caprichos del destino que a la planificación meticulosa, encontrarán en Page a todo un campeón en destrozar lugares comunes. A sus 70 años, confiesa que cuando formó Led Zeppelin, el grupo que inventó el hard rock rociado de psicodelia y mostró el camino del heavy metal, lo tenía muy claro. Que no fue una improvisación, sino un proyecto meditado tras sus pasos como becario del estrellato mundial en un estudio de grabación como instrumentista de apoyo a su integración en The Yardbirds, con quien dejó su estela en la misma formación por la que también pasaron Eric Clapton y Jeff Beck. Pero su grupo debía liderar un avance más allá: hacia terrenos en los que la exploración del sonido junto a los jardines de delicias prohibidas se unían en un ámbito de culto.Conectaron con un aire de libertad desconocido, abrieron sentidos y cerraron su coto dando paso a leyendas de todo tipo: desde abusos a menores hasta palizas a granel por sus guardaespaldas; de excesos como el que llevó a la muerte a su batería, John Bonham, ahogado en su propio vómito tras una monumental borrachera, por otra parte nada poco habitual en él. Hoy Page, abuelo, exadicto, un tipo sobre el que han corrido todo tipo de leyendas turbias y que se ha colgado los laureles del éxito y la calidad de referencia, se siente especialmente responsable de un legado artístico que acaba de recopilar, con novedades en directo y remasterización de sus tres primeros discos. Espera que le sirva y dé un nuevo impulso para que el grupo ocupe su lugar en las alturas del rock. En Londres, dentro de un salón en un hotel de Kensington cercano al Royal Albert Hall, y un día después de haber destapado algunas de sus entregas puestas al día, en las que queda patente la energía entre colérica y desmesurada de su banda, Page repasa y se reivindica sin complejos.

¿Se ha investido usted en el responsable del legado de Led Zeppelin? A los otros no se les ve por aquí. No sé dónde andan, no tengo ni idea de lo que están haciendo. Pero hay que tener en cuenta que yo era el productor. Más que nada porque no queríamos que las cosas acabaran en manos equivocadas. Aun así, existe material que se las ha arreglado para salir a la luz y algunas de esas versiones han resultado frustrantes.

¿Por qué? No es que tenga que ver con mi perfeccionismo, aunque soy un perfeccionista. Nunca acabo satisfecho, siempre se puede mejorar. Sobre ciertos asuntos, es mi opinión personal, creo que nunca deberían haber salido, más cuando no pertenecemos a nadie salvo a nosotros mismos.

En términos de herencia, se trata de algo muy sensible. Porque, una vez la trayectoria de un grupo termina, alguien debe ocuparse de situarlo en la historia de la música. ¿Cómo lo hace? ¿Es consciente de ello? Soy muy consciente porque existen varios ejemplos de músicos importantes de los que ya hemos olvidado el nombre, y no voy a mencionar a ninguno de ellos. Bandas muy grandes en los sesenta, con muchos seguidores, a las que nadie considera. Y no quiero ponerme pomposo con esto.

No, se trata de dar relevancia al hecho de que quizá han caído en el olvido porque nadie se ocupó de su impronta después. Sí, y no quiero que se me malinterprete. Pero el hecho es que nuestra música supimos que permanecería, lo sabíamos, siempre lo vimos así. Por eso no nos limitábamos, por ejemplo, a hacer las cosas como se imponían. No sacábamos singles al mercado, ofrecíamos un trabajo completo, un concepto, y no buscábamos esa ansiedad del público bien aprovechada por otros que les daban trozos de un todo. Eso nos diferenciaba, por ejemplo. Nos costaba mucho trabajo imponer ese estilo propio, pero lo hacíamos con tanta pasión… Si empleábamos esa entrega con respecto a nuestro talento, significaba que nos sentíamos muy responsables de lo que hiciéramos para mantenerlo perdurable y no tirarlo por la borda. Por eso creo que ampliamos los horizontes de la música en nuestro tiempo y todo el mundo se fijaba mucho en lo que hacíamos por aquella época.

¿Veía, a través de otras bandas, cuáles podían ser sus puntos débiles en ese y otros sentidos hasta el punto de que, al formar una, ya tenía muy claro qué querían hacer o no hacer? Consolidé muchas ideas en mi cabeza. Ante todo, sobre cómo no hacer las cosas. Desde lo más complejo hasta lo más básico. Cómo escribir música. Yo no sabía leer partituras, pero tuve que aprender.

Pues casi como Paco de Lucía, autodidacta total. Bueno, él era un genio. A mí me costó más. Pero fui aceptado poco a poco en ese mundo. Disfrutaba en el trabajo, querían que me quedara, que me involucrara más, y tuve que ir aprendiendo día a día. Todo tipo de técnicas y estilos: acústico, eléctrico, clásico… Aprender y aprender. Pero, aparte de eso, me interesaba mucho y mostraba mucha atención en el proceso de grabación. Imaginar cómo los sonidos que se agolpaban en mi cabeza debían grabarse para que se aproximaran a mis ideas.

¿Se guardó aquellas experiencias para practicarlas después en su propio proyecto? Iba aprendiendo sobre la marcha. Se expandía todo un mundo ante mí. Y a mí, ­recién entraba, se me iban filtrando maneras de trabajar, secretos que iban agregándose a mi ADN. Después empecé a tocar con The Yardbirds, me dieron esa oportunidad y ya entonces pude aportar algunas ideas. Más tarde el proyecto terminó, y para entonces yo ya tenía muy claro exactamente lo que quería.

¿Tan pronto? Había tocado en todo tipo de tugurios underground, aparte de la experiencia en el estudio o en radios, donde se tocaban no solo canciones, sino amplias partes de varios discos. Tenía experiencia tanto en directo como en lugares de grabación; sabía muy bien por dónde iría. No solo porque me había expuesto a ser escuchado, que es uno de los primeros fines que buscas cuando te dedicas a esto, una de las prioridades, sino porque ya sabía lo que conformaba una buena banda. Para lograr algo que realmente importe son cruciales los comienzos. No tirarse a buscar el éxito nada más empezar con un número uno en la lista, sino tratar de formar un grupo que suene bien y que merezca respeto.

Ha mencionado a The Yardbirds, una banda en la que coincidieron tres de los mejores guitarristas de todos los tiempos: Eric Clapton, Jeff Beck y usted. ¿Cuál fue la diferencia que quiso aplicar respecto a Led Zeppelin? En The Yardbirds buscábamos dos guitarras principales. Jeff hizo un trabajo sustancial, pero yo quería ampliar horizontes a otro tipo de sonidos de cuerda y adentrarme en terrenos más vanguardistas. Quería cambiar el panorama, dar un paso adelante con respecto a lo que se hacía y llegar a desarrollar más cosas no puestas en práctica antes por los guitarristas solistas. Quise aplicar algunas de mis ideas a ese respecto con ellos, pero antes de que fuera posible se separaron. Fue entonces cuando me sentí preparado para ofrecer una visión que el público ya comenzaba a reclamar. Algo fresco y renovado. Creo que lo conseguimos.

Siempre supimos que nuestra música permanecería"
Para entonces tenían ustedes muy claros dos conceptos fundamentales: lo que debería ser un grupo en estudio y lo que debía ser en directo. ¿Cree que Led Zeppelin consiguió sus metas en ambas facetas? ¿Cómo lograron compaginarlo? Existían, bueno, siempre han existido, muchas bandas que reproducen exactamente lo que tocan en directo calcado del estudio. Nosotros no queríamos eso. En nuestro caso, los cuatro ya éramos músicos formados que querían desarrollarse en conjunto. No teníamos una superestrella a la que acompañar. Nuestra banda trabajaba en comunión. Desde el primer día. Primero ensayábamos, tocábamos en directo y nos metíamos en estudio. Muy concentrados, pero en vivo, muy volcados también a los cambios, las variantes, a diferenciar versiones. Nunca abandonamos esa manera de trabajar. Por eso siempre nos resultaba excitante, nos retábamos y caminábamos sobre el filo de la navaja.

Toda esa experimentación y trabajo previo, ¿le vino de su vocación científica? No, aquello no llegó a nada. Fue una pregunta que me hicieron una vez, así, de sorpresa, y que respondí con la primera cosa que se me ocurrió. Tenía 13 o 14 años, estaba muy nervioso, fue en un estudio de televisión, sin ninguna gana de que me entrevistaran y participando en un concurso en directo.

Antes de formar su grupo, lo que sí tuvo fue una librería. Esotérica. Sí.

¿Por qué la cerró? Porque empezamos a viajar mucho con el grupo, pasábamos tiempo fuera del país. Recuerdo que lo dejé cuando Robert Plant se rompió una pierna en Los Ángeles. Era la época en que estábamos grabando Presence, creo. Esa librería, además, contaba con un tipo de cliente que se creía asistido por el derecho divino a no pagar los libros.

¿Ah, sí? ¿Le robaban? Más o menos. Bueno, es así. La gente interesada en esos temas no suele tener ni un penique.

Mal negocio. Bueno… llegó a un punto en que no podía vigilarlo y andaba todo el tiempo fuera, así que decidí cerrar, ni siquiera traspasarlo.

Ya que menciona ‘Presence’, aquel disco estuvo muy influido por las drogas. Primero deberíamos hablar de los anteriores, pero, más que eso, diría que Presence se inspiraba en el concepto de intervención divina.

Con The yardbirds quise ampliar horizontes a otros sonidos de cuerda"
¿Mística? Música divina.

¿Seguía la leyenda suya basada en su entrega a las fuerzas ocultas? Bueno, defínalo como quiera. A mí, ya con más de 70 años, me da igual, soy un superviviente. No tiene que ver con ninguna categoría. La música habla por sí misma y ya está, nada que ver con mis circunstancias personales, ni con las novias que tuve, ni con mis hijos, da igual. Hablamos de cómo se manifiesta la música sobre todas las cosas; si quiere enterarse de esos otros asuntos, escuche la música, está todo dentro.

Es que lo encuentro. ¡Hombre, coño, eso espero!

Imagino que viene de todas sus experiencias personales. Sí, pero se trata de un reflejo, una declaración de lo que eres en la vida. Cambias, experimentas tragedias, felicidad, grandes momentos, todo está ahí. Se deja entrever más en quien ­escribe letras, que se apresta constantemente a lo autobiográfico; pero en lo que respecta a tocar la guitarra, quizá también yo me sienta muy expresivo, muy lírico. Sí. Siento que mi arte se muestra coherente con lo que soy.

¿Cree que los 10 años que duró la banda en activo le han marcado para bien y para mal toda su vida posterior? Sí, aunque soy consciente de que he podido disfrutar una existencia más allá de eso. Lo que sí ocurre es que, a tenor de lo que fue aquella experiencia, he sentido una deuda constante con esa etapa de mi vida, y por ello ahora, con estos lanzamientos y esta colección, quiero presentar algo muy digno que demuestre lo que fuimos. No soy yo quien suele hablar bien de las discográficas, pero la verdad es que en la compañía Warner lo han hecho con mucho estilo. Ha sido un trabajo muy duro en el que espero que haya predominado la decencia, la ética de emprender las cosas bien, no malgastar el legado, no echarlo a perder. Por eso me he involucrado tanto en ello, me he ocupado de que todo esté bien y quedar al mando de todo porque yo lo viví a fondo. Fui parte fundamental de su creación, lo ­conozco a fondo, lo hice avanzar. Me acuerdo de todo, además. Sé dónde estábamos cuando grabábamos cada canción, cómo nos encontrábamos.
¿Se ha sorprendido con algo al repasar todos estos años? Con el vínculo, con la fuerza del vínculo que nos unía. Esa búsqueda de la calidad cualesquiera que fueran las circunstancias. El hecho de que haya salido con tal contundencia proviene de aquel esfuerzo en conjunto. Con cada uno de nosotros trabajando a fondo en ello. Y eso ha dado lugar a una obra conjunta, muy potente en cuanto a su concepción intelectual y amplia. Puedo decir que no me arrepiento de lo que hicimos, no he llegado a lamentarlo artísticamente hablando. En este caso, el de la presentación de este legado, he hurgado en muchas cosas con enorme pasión. Merece la pena oírlo y pensar en esos términos.

Paco de Lucía era un genio autodidacta, a mí me costó más aprender"
El lamento artístico no cabe, desde luego. ¿Y en otros términos? Aquellas historias de violencia, abusos, salvajadas… ¿Son para arrepentirse? Eso no tiene nada que ver con la música.
Yo creo que sí, y que su música lo deja patente. ¿Usted cree que sí? Le diré algo. De las cosas que me han contado que se comentaban sobre nosotros, los desparrames, la violencia, no creo que ninguno de quienes formamos Led Zeppelin quisiera verse en mitad de aquellas situaciones aportando una banda sonora a las mismas. ¿Me entiende?
Sí, claro. ¿Se llevan bien? Desde luego.

¿Por qué cree que rompieron, más allá de los accidentes? Porque perdimos a John Bonham, ¿o no?

Sí, pero existen muchas bandas que, aun perdiendo a sus miembros, han seguido adelante. Nuestra creatividad se habría visto afectada. Ese instinto… Era una banda que estaba predestinada a existir, desde luego. Claramente. Sin duda. Como una profecía divina. Pero si hubiésemos perdido a cualquiera, a John Paul Jones, a Robert, a mí, no hubiésemos continuado de ninguna manera, lo sabíamos. Incorporar a alguien nos hubiese limitado mucho. No, no queríamos. Aun así, cuando nos volvimos a reunir una vez, con el hijo de John en la batería, lo hicimos con mucha dignidad, lo creo firmemente. Pudimos volver a experimentar aquella tensión positiva, aquella energía de nuestra música.

Nomás a Jake Bugg



Music In a Coma-

Por Iván Carrillo-


Ocho en punto de la mañana en 13 de Octubre, ya despierto y bañado, listo para abordar el bus que me dejaría a las once de la mañana en Viaducto Piedad y Río Churubusco de la vieja ciudad de hierro. Ya en el asiento 39 del autobús llega ese triste momento cuando todos los lugares están ocupados y ves subir a una pareja y al clásico gordito chistoso mal tercio. Yo, solo, pues toco en una banda de rock medio darkie, por lo tanto, los pocos amigos que tengo son bien puristas, de esos que te argumentan que es bien hipster este festival. Y sí, tienen razón.

Era evidente que tendría que soportar al gordito un par de horas, por suerte yo iba bien equipado con toda la discografía del Joaquín Sabina, los audífonos y el “Narraciones Extraordinarias” de Poe. Combinación poco fiable ¿Sabina? ¿Allan Poe? ¿Corona Capital? Lo más usado para el camino seguramente era Daft Punk con Palahniuk o Murakami, pero en fin, era lo que me apetecía y en realidad no me interesaba ponerme a tono o calentar motores para el Corona. ¿Por qué? La pregunta con la que intentaría romper el hielo mi camarada –no deseado- de bus respondería todo.

Bueno, para describirlo basta decir que portaba con orgullo su playera blanca de los Beatles, lo cual no es malo, pero uno se da cuenta e imagina que para rocanrolear, en su closet sólo tiene esta prenda y una de los Doors, lo demás son camisas a rayas o lisas para combinar bien con esas corbatas que apestan a oficina. Y rompió el silencio con un “¿Qué onda carnal, se pondrá chingona la tocada, verdá? ¿Tú a quién vas a ver?” tenía en mente tantas respuestas, “¿Tocada? Tocadas las que se organizan en el lugar de donde salió el camión” -foro muy conocido en Puebla que intenta emular el nombre del clásico Rockotitlan-, donde al parecer las tocadas ya no son redituables y ahora deben organizar viajes a conciertos para sobrevivir, no los culpo -así esta la escena musical en todo Puebla-. En fin, siempre he sido un güey retraído e introvertido, por lo tanto, no era de mi interés hacer la platica o pegarme con alguien, así que me limité a responder “Nomás a Jake Bugg” al mismo tiempo que llevé mis audífonos a las orejas y el play en el reproductor. Creo que entendió rápidamente que yo no quería platicar y no molestó mas, sin embargo, aproximadamente una hora después se le ocurrió ofrecerme una galleta -sí, sí, las reglas de cortesía y todo eso, pero ¡¿una puta galleta?!- ¿A quién se le ocurre? A esa hora yo moría por una cerveza, una de esas de cristal verde y estrella roja que ahora encuentras en cualquier esquina. Pero no, se le ocurrió ofrecerme una pinche galleta, no sé, seguro pensó que me haría falta la energía del chocolate o que no había desayunado en casa y quiso apiadarse de mi notable figura de vampiro crudo. Me limité a rechazarla y me introduje de nuevo al mundo del Corazón Delator.

El bus se detuvo y abrió sus puertas, estábamos sobre Río Churubusco a unas pocas calles de la entrada del Autódromo, en cuanto pude me separé del grupo del camión y tomé camino al ya conocido pre-copeo de las tienditas frente a la Puerta 5, que para mí no tienen tan buena fama pues la última vez que bebí ahí antes de un concierto terminé tirado de borracho antes de que sonaran los primeros acordes de Killing an arab con la voz de Rober’ de Pinho Smith. Pero esta vez no pasaría, pues para mi infortunio Jake Bugg era el segundo en la lista del escenario Capital, tocaría solo 40 minutos y empezaría pronto, así que me receté tres latas de Modelaje Especial que tuve que tomar rápido y en dos tragos cada una, pues como es costumbre, cada veinte o treinta minutos llegan los puercos a desalojar para que no se junten muchos culeros y se les arme algún desmadre. 

Había llegado el momento de caminar para llegar al concierto, a pesar de ser un camino largo no se hace tan pesado gracias a los non-official merchandise stands donde pude echar el ojo a una playerita de los Editors que desafortunadamente no encontré al regreso. Por fin llegué a los escenarios, proceso de seguridad mediante y al pasar al lado de la carpa de mercancía oficial me brillaron los ojos por la playera del Jake, pero como buen mamón decidí comprarla después de que tocara, yo que soy un gran fan, me puse fresa y seguro pensé alguna jalada como “a ver si me convence su show” o algo así.

Me encaminé al escenario Capital y ya tocaban las Deap Vally, un par de rockeras güeritas y guapetonas igual de sabrosas que la inmensa mayoría de las asistentes al festival -con las que había tenido la chance de echarme un taco de ojo a lo largo de la travesía-. La música de estas californianas no me convenció, así que –como no había desayunado, como bien supuso el gordo del camión- fui por una hamburguesa y una corona doble bien fría -y bien pinche cara también-, la hamburguer supo a gloria, pues tenía como 18 horas sin ingerir alimento alguno. Regresé al escenario con chela en mano; ya se habían ido las Deap Vally y probaban la ES-390 de Jake en un amplificador Fender a bulbos -puro lujo con los ingleses-. Poco a poco se empezaba a llenar la explanada así que di un buen trago y fui casi corriendo por otra doble, antes de que Jake Bugg tomara el escenario. A pesar del sol apendejador logré situarme más o menos en el mismo lugar, donde todo se veía poca madre y en el escenario finalizaban la prueba con una Gibson L-1, esa guitarra que trae todo el sonido del Delta Blues de Robert Johnson y que me puso a soñar con que abriría el concierto con “Fire”, rolita que cierra el primer disco de Jake y que según cuenta, fue grabada únicamente con un iPhone.

Dos cuarenta y cinco de la tarde, me sorprendía la puntualidad con la que contaba el festival por que el de Clifton y su súper banda, ya pisaban el Capital, toda la gente gritaba y se emocionaba -yo no era la excepción-. Jake Bugg tomó la L-1, con un acorde en Mi Mayor empezaba mi canción favorita del joven de 19 años, “Trouble Town” y toda la gente coreó con un estruendoso canto 'Stuck in speed bump city where the only thing that's pretty is the thought of getting out'; la raza (?) cantó tan fuerte que fue casi imperceptible el ligero error del ingeniero de audio.

Inmediatamente después del Hello Mexico tomó su guitarra Patrick Eggle de caoba sólida que un laudero hizo para él –única en el mundo- y atacó al Corona Capital con “Seen it all” con una letra que coquetea con Morrissey -así como Jake con Johnny Marr- sobre gánsters, fiestas y navajas. La perfecta ejecución musical de la banda nos hizo pensar que al finalizar la presentación de Bugg habríamos visto todo el festival.

Y así, una tras otra al más puro estilo de Bob Dylan, Bugg siguió tocando sin decir nada  “Simple as this” y “Ballad of Mr. Jones”, pero el verdadero momento de catarsis con el público llegó en “Broken”; la única canción donde la banda descansa y él empieza con un arpegio triste; yo estaba borracho y cualquiera en mi posición seguramente hubiera levantado su teléfono para marcar a su ex novia, pero no yo. Yo no podía perder el tiempo de esa manera, seguramente pasará mucho para que Jake vuelva a pisar tierras aztecas y no podía darme el lujo de dejar de cantar o de no poner atención, además, ella seguro ni lo agradecería.

Pasaron canciones donde demuestra que su nuevo disco -producido por Rick Rubin- es un verdadero coctel molotov con rolas como “Me and You”, “Slumville Sunrise”  o “What Doesn’t Kill You”. Todas se intercalaban con el ‘Olé, olé, olé, olé Jake Bugg, Jake Bugg’, mientras unas morritas a un lado se burlaban de mi acervo musical diciéndome “hasta esas rolas te sabes”. Llegó el momento que todos temíamos, tomó su telecaster del 52 y todos supimos que este idilio entre Jake Bugg y México terminaba, entonó “Lighting Bolt” junto a los cientos de seguidores que se dieron cita ahí. Todo acabó.

Obviamente me quedaría a ver a los Arctic Monkeys y al maestro Moroder, pero antes de eso comí otra hamburguesa, otra doble Corona -doblemente cara- y recordé la cita pendiente con mi playera oficial de Jake Bugg, esto lo lamenté de sobremanera, pues sólo quedaban tallas extra grandes –lo que me hizo recordar a mi gordo compañero de autobús, quizá a él sí le quedaría-. Sin duda alguna, el show sirvió para que más banda conociera a Jake Bugg –lo cual me hace feliz-, pero no mames ¿por qué se llevaron todas las playeras?, faltaba la mía. Tuve que conformarme con una no oficial de las tienditas de afuera, una más de los Smiths que luego regalaría a una morra -la más sorprendente que he conocido últimamente-, otra doble corona y bueno, Alex Turner, él también es otro pedo.

Cógete a una lectora

Delirium Tremens-

Por Alejandro Carrillo -

Cógete a una lectora mexicana, joven o no tanto. Aprovecha. Hoy en día cualquiera se siente –y en verdad creen serlo- artista, filósofo, escritor, intelectualillo de oficina o revolucionario de sofá –o congal, según mi caso-. Sácale jugo al momento histórico, el boom del hipsterismo anarco-capitalista –ay güey-. Exprime la vulgar falta de identidad, el desgajamiento de la patria -¡llévele bara bara, bara bara!-. Las lectoras están ahí, ávidas de un tipo, cualquier tipo que les venga manejando una decena de escritores, un par de lecturas previas de los clásicos, otro par de tecnicismos literarios, tres corrientes filosóficas bien estudiadas y varios ‘proyectillos en los cuales estoy trabajando en este momento’. Con eso ya chingaste, campeón. Poco importa que tu estilo literario se base en el watsapeo y la sustracción ilegal de tuits. Las susudichas están igual o peor que tú. Sal por ellas. No hay que hacer una búsqueda concienzuda, basta con darse una vuelta por los cafés del centro, barecillos rocanroleros, todos los sanborns, tiendas de discos y pelis, tu plaza pública más cercana y si te sientes animado, los puterillos y antros de medio pelo. El secreto está en la elección. Aléjate de las minifaldas, tacones exagerados y botas hasta las nalgas, las muy muy güeras no son buena idea, ni mucho maquillaje ni las perlas de la virgen. Deja todo lo banal a un lado. No te distraigas y sé serio, que esto no es un arte, sino más bien una profesión. Busca leggings o jeans bien ajustados, las blusas holgadas son buen augurio, el cabello preferentemente largo, recogido o sin recoger –de eso te vas a encargar tú-. Recomiendo castañas y pelirrojas apiñonadas. Pon tierra de por medio con jipis y feminazis. Ciclistas y ecologistas están bien. Ojo, de vez en cuando una mesera es la opción. Busca lectoras entre veinte y veintiocho años; si son menores está bien, pero ten cuidado con la ley, si son mayores y están casadas con hijos, escribe un blog. Pon atención a los detalles y sé paciente. No es una tarea fácil y hay que invertirle. Lleva dinero suficiente para pagar tus tragos y tus vicios, y un poco más para tus filias –uno nunca sabe cuándo va a picar el anzuelo una lectora-. No te embriagues hasta el colmo, sé discreto y no llames mucho la atención de todo el lugar. No te esmeres demasiado en el outfit, pero tampoco uses huipil y huaraches. Eres un rockstar y estás ahí por una razón que todos desconocen. Por ningún motivo uses playeras de heavy metal, carnal; las playeras con afiches cinematográficos se están poniendo de moda entre las lectoras –en realidad son más cinéfilas que lectoras las muy perras-. Esas playerillas las venden baratas en El Chopo y poco importa si viste o no la muvi. No pierdas el objetivo. Una vez que tienes la presa identificada, síguela con la mirada; pero no esa mirada de ‘soy un pinche mirrey y cojo súper rico’ –a menos que seas rico y cojo, eso es patético y nunca en la historia ha dado resultado-. Échale esa de ‘te estoy viendo en calzones justo ahora’ y dale un buen sorbo a tu cerveza –lager de preferencia, por puro estereotipo-. No seas obvio y mucho menos parezcas chairo puberto. Una vez que tienes a la lectora cerca de tus fauces no te atrabanques, sé modesto y muy elegante, por nada del mundo hables de política pero deja entrever tu postura de ‘todo el país está hecho mierda y lo único que puede salvarnos es el arte –eso no falla-. Métela en problemas y pregunta cosas como ¿has pensado en irte lejos de este pinche pueblo? -así estemos hablando de la Ciudad de México o Nueva York- o ¿qué piensas del noble oficio de las putas?  No quites tu vista de la suya, así ella esté diciendo mil pendejadas; recuerda que la quieres para coger, no para hacer una crítica literaria de las obras de Shakespeare. Por ningún motivo hables de deportes y no hagas comentarios de tipo sexual. En albañilería y pintura decimos: no se la des a oler. El secreto está en guardar tus secretos, aunque no los tengas, invéntatelos. Sé una incógnita y ten un depa a la mano siempre. Procura tener un par de vinillos chilenos y algo de mota. No olvides el arte de la elegancia, evita a toda costa los moteles –eres un rockstar, no un perdulario-. Llámala al otro día o mínimo mándale un mensaje, no te encules demasiado y si lo haces, no seas patético –recuerda que esto es una labor noble que muchos llevamos a cabo, no dejes en mal al gremio-. Sé muy paciente, insisto, las lectoras pueden caer en una noche, en un mes o en muchos meses. Sé optimista. El invierno será largo y algo encontrarás en las rebajas de enero. Sé agricultor. Las lectoras son como las plantitas, hay que cuidarlas y regarlas de vez en cuando, sobre todo cuando hay tiempos de sequía para ellas. Acércate y apapáchalas, la mayoría de ellas saben agradecer bien y son buenas amigas. Si la quieres para novia, que dios te bendiga, buena suerte y hasta luego. Son gajes del oficio, ni pedo. Si quieres entrar al club, bienvenido, pero la primera regla del club es que el club no existe y no se habla del club. Toma notas, reinvéntate, da y recibe consejos, ve a cursos de capacitación, a grupos de autoayuda y recuerda que si todo falla, siempre va a estar ahí y nunca nos va a faltar el porno nuestro de todos los días. Amén.


 
-Lectora con cabello recogido.

Pd. Si eres una lectora y por error estás leyendo esto, pues cógete a un escritor mexicano joven.


El Autor: Escribidor, mecánico tornero, periodista, rockero tumbado, diputado legítimo, corredor y corredor de apuestas, revolucionario de congal, fotógrafo, cinéfilo, miembro del Proyecto Mayhem y bebedor semi-profesional. Me enamoro de todo, me conformo con nada. @alexiliado

Cuatro logros de la “Obediencia Perfecta” de Luis Urquiza

Por Jaime López Blanco 

Las carteleras de la República Mexicana, el pasado 1 de Mayo del presente año, estrenaron la película nacional denominada “Obediencia Perfecta”, ópera prima de Luis Urquiza, quien, a pesar de presentar hasta ahora su primer trabajo como realizador, lleva más de dos décadas dedicado a la producción audiovisual, tanto en televisión como en cine. Al respecto de la obra en cuestión me gustaría presentar a continuación lo que considero son sus mejores aciertos: 

El primer tino de la cinta de Urquiza, la cual centra su argumento en la historia de ¿amor?/abuso/subordinación entre un niño casi adolescente y el sacerdote líder de un grupo católico denominado “Los Cruzados de Cristo” -grupo en el cual se ordena el niño como seminarista- es que se aventura a tocar un tema de gran interés social y público, espinoso sí, doloroso también, pero vigente e innegable que debería invitar a la sociedad mexicana a desempolvar su memoria, quitar vendas de los ojos y crear un ente más informado y menos apático en cuanto a problemáticas sociales se refiere.

El abuso de menores, suceda en grupos de la iglesia católica, en algún sector religioso, o en cualquier ámbito privado o público, quizá es el crimen más nefasto que pueda surgir de las entrañas de los hombres y con el cual NO existen las “medias tintas” al respecto. Se desprecia y se juzga sin condescendencias al victimario. 

El segundo logro del largometraje “Obediencia perfecta” es que presenta el tema del abuso infantil sin polemizar o escandalizar. No implica escenas gráficas para transmitir su objetivo. Se tiene especial cuidado con las escenas que pudieran causar polémica debido a lo grotesco del asunto. Quizá eso podría parecer tibio a cierta gente, pero las decisiones y objetivos de los creadores deben respetarse; promover y defender la libertad de ideas y su libertad artística. El director de la película lo ha comentado en varias entrevistas, su objetivo no era el de provocar el escándalo en la iglesia católica, sino más bien de prevenir un problema en la sociedad. Una vez confesado ello con claridad, podemos comprobar que el objetivo del filme se cumple sin mayor problema. 

En tercer lugar, la película sí logra abordar una perspectiva o arista importante del asunto de la pederastia, un aspecto que se encuentra contenido desde su título: la obediencia. Se muestran los diferentes niveles de obediencia a los que se llegan, o que se fomentan o imponen, con tal de hacer creer a la víctima de abuso infantil que lo que está a punto de vivir no se puede saber, no se puede denunciar y hasta se debe permitir. Es esa imposición, sistemáticamente pensada desde la obediencia, la que crea y recrea patrones de una situación brutal como el abuso sexual. Además, la cinta plasmada añade un valor al argumento al plantear o “hacer ciertos guiños” de la complicidad de los grandes líderes de la iglesia, o de la ignorancia e insensibilidad de ciertos padres, que privilegian su fe ciega en los sacerdotes sobre el amor ciego, confianza y cuidado que deberían tener para con sus propios hijos. 

Finalmente, el cuarto acierto de “Obediencia Perfecta” viene del talento de su cuadro histriónico y de su apartado técnico. Juan Manuel Bernal (Ángel de la Cruz) carga con el peso de la cinta, encarnando a un lobo/sacerdote -con piel de oveja- que trata de controlar a su manada de seminaristas a través de los trucos más sucios pero también de las apariencias más educadas, dulces y pulcras. El reparto infantil o adolescente hace lo suyo al cumplir con las expectativas que demandan sus roles, resguardando la historia con lo correcto de sus actuaciones. 

En cuanto a la fotografía de Serguei Saldívar Tanaka, dos escenas son las que al que suscribe este texto le parecieron espectaculares. La primera ocurre cuando vemos en un casi primer plano al niño Julián (también llamado Sacramento Santos dentro de la película) observar el proceso de reproducción sexual entre dos chapulines: la sexualidad pura de la naturaleza en una de sus manos. Algo que quizá él no será capaz de vivir como se debe (de manera libre, voluntaria y bien orientada) a lo largo de su vida y de la historia de la cinta. 

Posteriormente, en otra escena, cuando el personaje de Juan Manuel Bernal recibe en su casa a Julián para que sea su ayudante más cercano y su protegido, aquel le dirige unas palabras y se muestra ante él como algo en la luz, como si fuera un ser luminoso, pero, al caminar unos metros ya sin Julián, y ver como se acomoda dicho niño en su nuevo dormitorio, la figura de Bernal se queda debajo de una sombra -provocada por una parte del techo de su casa- logrando simbolizar o reflejar, de manera visual, ese “demonio” latente que yace en las penumbras de la personalidad del sacerdote y que está a punto de explotar. 

Esas dos escenas, más el look cuasi elegante, utópico, y sospechoso a la vez, del seminario (digo sospechoso porque lo perfecto siempre me ha parecido dudoso) donde entra a estudiar Julián, nos permiten gozar de un excelente logro en la fotografía de Tanaka. 

Cuatro aciertos enmarcados en la interpretación de un cinéfilo provinciano, el cual espera abonar algo nuevo a lo que se ha dicho acerca de la ópera prima de Luis Urquiza, centrándome principalmente en la producción cinematográfica. Dejo de lado -por el momento- el análisis social del tema de la pederastia, invitando a quien lea esto, o que sepa del tópico, a que hable de ello en los grupos religiosos, en los medios de comunicación, en los foros académicos, en las instituciones de justicia y en las familias, de manera informada, respetuosa y comprometida, con la finalidad suprema de erradicar uno de los mayores cánceres actuales en nuestra sociedad, para que igualmente se prevenga y se legisle correctamente y de esta manera no seguir lamentándolo o sufriéndolo.

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