Por Alejandro Carrillo -
Cógete a una lectora mexicana, joven o no tanto. Aprovecha. Hoy en
día cualquiera se siente –y en verdad creen serlo- artista, filósofo,
escritor, intelectualillo de oficina o revolucionario de sofá –o congal,
según mi caso-. Sácale jugo al momento histórico, el boom del
hipsterismo anarco-capitalista –ay güey-. Exprime la vulgar falta de
identidad, el desgajamiento de la patria -¡llévele bara bara, bara
bara!-. Las lectoras están ahí, ávidas de un tipo, cualquier tipo que
les venga manejando una decena de escritores, un par de lecturas previas
de los clásicos, otro par de tecnicismos literarios, tres corrientes
filosóficas bien estudiadas y varios ‘proyectillos en los cuales estoy
trabajando en este momento’. Con eso ya chingaste, campeón. Poco importa
que tu estilo literario se base en el watsapeo y la sustracción
ilegal de tuits. Las susudichas están igual o peor que tú. Sal por
ellas. No hay que hacer una búsqueda concienzuda, basta con darse una
vuelta por los cafés del centro, barecillos rocanroleros, todos los
sanborns, tiendas de discos y pelis, tu plaza pública más cercana y si
te sientes animado, los puterillos y antros de medio pelo. El secreto
está en la elección. Aléjate de las minifaldas, tacones exagerados y
botas hasta las nalgas, las muy muy güeras no son buena idea, ni mucho
maquillaje ni las perlas de la virgen. Deja todo lo banal a un lado. No
te distraigas y sé serio, que esto no es un arte, sino más bien una
profesión. Busca leggings o jeans bien ajustados, las blusas holgadas
son buen augurio, el cabello preferentemente largo, recogido o sin
recoger –de eso te vas a encargar tú-. Recomiendo castañas y pelirrojas
apiñonadas. Pon tierra de por medio con jipis y feminazis. Ciclistas y
ecologistas están bien. Ojo, de vez en cuando una mesera es la opción.
Busca lectoras entre veinte y veintiocho años; si son menores está bien,
pero ten cuidado con la ley, si son mayores y están casadas con hijos,
escribe un blog. Pon atención a los detalles y sé paciente. No es una
tarea fácil y hay que invertirle. Lleva dinero suficiente para pagar tus
tragos y tus vicios, y un poco más para tus filias –uno nunca sabe
cuándo va a picar el anzuelo una lectora-. No te embriagues hasta el
colmo, sé discreto y no llames mucho la atención de todo el lugar. No te
esmeres demasiado en el outfit, pero tampoco uses huipil y
huaraches. Eres un rockstar y estás ahí por una razón que todos
desconocen. Por ningún motivo uses playeras de heavy metal, carnal; las
playeras con afiches cinematográficos se están poniendo de moda entre
las lectoras –en realidad son más cinéfilas que lectoras las muy
perras-. Esas playerillas las venden baratas en El Chopo y poco importa
si viste o no la muvi. No pierdas el objetivo. Una vez que tienes la presa identificada, síguela con la mirada; pero no esa mirada de ‘soy un pinche mirrey
y cojo súper rico’ –a menos que seas rico y cojo, eso es patético y
nunca en la historia ha dado resultado-. Échale esa de ‘te estoy viendo
en calzones justo ahora’ y dale un buen sorbo a tu cerveza –lager de
preferencia, por puro estereotipo-. No seas obvio y mucho menos parezcas
chairo puberto. Una vez que tienes a la lectora cerca de tus fauces no
te atrabanques, sé modesto y muy elegante, por nada del mundo hables de
política pero deja entrever tu postura de ‘todo el país está hecho
mierda y lo único que puede salvarnos es el arte –eso no falla-. Métela
en problemas y pregunta cosas como ¿has pensado en irte lejos de este
pinche pueblo? -así estemos hablando de la Ciudad de México o Nueva
York- o ¿qué piensas del noble oficio de las putas? No quites tu vista
de la suya, así ella esté diciendo mil pendejadas; recuerda que la
quieres para coger, no para hacer una crítica literaria de las obras de
Shakespeare. Por ningún motivo hables de deportes y no hagas comentarios
de tipo sexual. En albañilería y pintura decimos: no se la des a oler.
El secreto está en guardar tus secretos, aunque no los tengas,
invéntatelos. Sé una incógnita y ten un depa a la mano siempre. Procura
tener un par de vinillos chilenos y algo de mota. No olvides el arte de
la elegancia, evita a toda costa los moteles –eres un rockstar, no un
perdulario-. Llámala al otro día o mínimo mándale un mensaje, no te
encules demasiado y si lo haces, no seas patético –recuerda que esto es
una labor noble que muchos llevamos a cabo, no dejes en mal al gremio-.
Sé muy paciente, insisto, las lectoras pueden caer en una noche, en un
mes o en muchos meses. Sé optimista. El invierno será largo y algo
encontrarás en las rebajas de enero. Sé agricultor. Las lectoras son
como las plantitas, hay que cuidarlas y regarlas de vez en cuando, sobre
todo cuando hay tiempos de sequía para ellas. Acércate y apapáchalas,
la mayoría de ellas saben agradecer bien y son buenas amigas. Si la
quieres para novia, que dios te bendiga, buena suerte y hasta luego. Son
gajes del oficio, ni pedo. Si quieres entrar al club, bienvenido, pero
la primera regla del club es que el club no existe y no se habla del
club. Toma notas, reinvéntate, da y recibe consejos, ve a cursos de
capacitación, a grupos de autoayuda y recuerda que si todo falla,
siempre va a estar ahí y nunca nos va a faltar el porno nuestro de todos
los días. Amén.
-Lectora con cabello recogido.
Pd. Si eres una lectora y por error estás leyendo esto, pues cógete a un escritor mexicano joven.
El Autor: Escribidor, mecánico tornero, periodista, rockero tumbado, diputado legítimo, corredor y corredor de apuestas,
revolucionario de congal, fotógrafo, cinéfilo,
miembro del Proyecto Mayhem y bebedor semi-profesional. Me enamoro de todo, me conformo con nada. @alexiliado

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